Vecinos del Barrio San José (Norte) vivimos ayer, 19 de enero, un hecho sorprendente y angustiante, cuando la policía de la provincia de Río Negro llegó como un comando antiterrorista a la casa de un vecino de paz.
Allanaron la casa del joven, encontrando plantas de marihuana y llevándoselas. Nosotros, parados en la entrada de la casa, explicábamos:
-este es un vecino muy generoso, tiene huerta y comparte su producción.
-cuando quiso tener gallinas, salió a trabajar y se compró los pollos, no vende marihuana.
-¿por qué la policía no nos cuida? ¿por qué cuando los necesitamos para que nos protejan no están?
-nooo, vayan a otro lugar, qué hacen acá con tantos jodidos sueltos?
Los policías explicaron que ellos “obedecen órdenes” de la justicia.
-¿la justicia del caso Garrido?-preguntamos.
Y fue el silencio, la violencia en la propiedad que ya no era privada y a la cual no podíamos acceder los vecinos (no pudimos sacar fotos y queríamos documentar el procedimiento, el secuestro de las plantas por ejemplo).
¿Quién es nuestro vecino? El Rodro. Metido en su patio de flores y pantas, sostiene el derecho a elegir cómo vivir la vida. No acuerda, al igual que muchos de nosotros, en el comercio oscuro, corrupto y mafioso de la venta de marihuana. Tiene muchos amigos que lo visitan y admiran su capacidad para reciclar objetos, su criterio para juntar y transformar, la habilidad para preparar embutidos y venderlos, sencillo, simple. Huerta, gallinas, el esfuerzo de autosustentarse. En su absoluta coherencia, jamás aceptaría un centavo por marihuana. Habiendo tantos delincuentes la justicia manda a la policía contra vecinos que no solo no molestan a nadie, sino que son solidarios con sus semejantes.
Balkis Casasola y otros vecinos


